"El sabio puede sentarse en un hormiguero, pero sólo el necio se queda sentado en él."
Proverbio chino

30/8/07




















Hace tres días que se debatía entre un si y un no. Un si arrastrado, lánguido y débil, ¿y si fuera el? Se preguntaba incansablemente a pesar de saber que daba demasiada importancia a un encuentro mas. Mientras que un no anclaba sus fundamentos en el temor de la entrega, ella gozaba de tiempo extra, pensaba en exceso y eso provocaba laberintos de interrogantes…
Abrió los ojos y ahí estaban, el y las dudas que carcomían su razón. En su interior una lucha cruel y constante que sin tregua agitaba su corazón. Por inercia se levanto y comenzó el ritual… le costaba percibir que a escondidas su inconciente se preparaba… nada tenia claro pero lentamente se disponía para seducir. Esa era la gran noche, la que pendiente de ejecución permaneció intacta durante el tiempo de espera. La indecisión paraliza. Ya nada era igual… engañarse no era la solución y asumirlo le dolía en lo mas intimo.

Hasta el momento fueron sus palabras el fruto del deseo. Palabras que con sus juegos la envolvían y hacían vibrar… pasar del amasijo de letras sin censura al contacto de dos cuerpos desconocidos no le resultaba fácil, y si a eso le sumamos los secretos contados en tiempo de crisis, las desventuras vividas, el cariño que solo el pasar de los días genera y la crueldad del destino, romper el encanto le resultaba casi infame.

El la esperaría con su mente intacta, una mano y cuarto, su pierna y media, su medio labio y sus palabras transformadas en indescifrables sonidos… ella, al pensarlo se sentía injusta, nefasta, monstruosa… tanto que confesar cuanto eso influía en su decisión le revolvía el estomago asqueada de si misma.

Sin embargo la duda persistía y esta era señal inequívoca de que la balanza aun no se había decantado. De un lado el corazón, el instinto, la fuerza de una atracción incontrolable hacia su ser, del otro la razón, el miedo, la auto defensa.

“La culpa es de las cartas”
Las cartas, hace un par de meses le han avisado, “el” ya rondaba su vida pero para descubrirlo se debería, como dijo el interlocutor, sacarse la corona… en criollo, como dicen en su tierra le explicaron que sacarse la corona era olvidar la razón y dejarse llevar. “El”, hombre de mediana edad, con el don de la palabra ya la había conquistado pero el motivo de la duda seria la atracción sexual…
Te han salido cuatro cartas muy importantes le dijo, míralas y dime que tienen en común. Ellas las miro, las miro un buen rato y no encontró nada… entonces las puso en hilera y ahí estaban, las cuatro solo tenían un pie en el suelo…
Le dijo, deja de pensar y lo encontraras… puede ser un escritor, un periodista, un abogado. Puede que no sea agraciado físicamente pero te hará crecer… y una señal mas, ha llegado a tu vida a través del juego.

Al principio no dejo de pensar en ello… sentía que la oportunidad de sentir se le escapaba de las manos…
Pero un buen día, en un sueño confuso, lo vio… ¿y si fuera el?

Ante un futuro cercano e incierto esta historia aquí se detiene. Queda a merced de una lucha cruel y mezquina… ni siquiera ella sabe que hará! Espera, hipnotizada por esa balanza que le de la respuesta y en su interior, donde el miedo no llega, reza que el sentir le permita encontrar la respuesta.…

2 comentarios:

  1. Te estoy descubriendo, tomaré mi tiempo.

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  2. y el cuento continua con .....

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Va!!! Déjame uno que he descubierto que los comentarios me encantan.
Gracias por tu visita.